viernes, 1 de abril de 2016

El raro privilegio de coleccionar obras sobre papel

Por Juan Calzadilla

El dibujo es un género al cual muy poco interés se le ha prestado en Venezuela. El hecho de que se le haya considerado como una disciplina, más que como un arte, contribuyó a la escasa estimación de que todavía es objeto en nuestro medio. Entre nosotros el dibujo ha sido visto como un saber suplementario, como rama de la pintura y la escultura, como forma de diseño y como herramienta de la cual, una vez que alcanza su formación, el artista puede prescindir. En las escuelas de arte se le ha enseñado de manera esporádica y poco metódica, por no decir que con desdén, hasta hoy.

Los paisajistas de Caracas, más atentos al color que a la realidad, pintaban representando directamente a la naturaleza, sin necesidad de hacer bocetos o estudios previos. Pocas veces cultivaron sistemáticamente el dibujo y, cuando lo hicieron lo privaban del valor intrínseco, para servirse de él como de una huella o pretexto, o como ejercitación en el mejor de los casos, y como proceso que conducía a la pintura. La excepción entre los pintores del Círculo de Bellas Artes fue Armando Reverón, quien empleó en su trabajo un sistema esencialmente dibujístico, combinando los materiales de la tradición, como el carboncillo y la témpera, con otros de su propia invención, para obtener con ello efectos gestuales y táctiles que, a despecho de su aspecto pictórico y arbitrario, eran esencialmente dibujísticos. Y no obstante que no le preocupara mucho diferenciar en su obra lo que pertenecía a la pintura de lo que era del dominio del dibujo. Le interesaba sólo el resultado.

Desde el siglo pasado, el coleccionismo abrigó un prejuicio parecido que consistió en desentenderse de la obra sobre papel lo suficientemente como para no abrigar el menor interés en preservarla. En estas condiciones no debe extrañarnos que el legado dibujístico del siglo XIX sea irrisorio comparado con la producción real. De la obra del período romántico puede decirse que la más importante en cuantía y calidad fue la de Arturo Michelena, para muchos de nosotros el mayor dibujante que dio nuestro país.

Aunque reivindicado hasta cierto punto por figurativos y realistas de la etapa de la reforma de la Academia de Bellas Artes, entre 1936 y 1945, el dibujo artístico vino a menos entre los pintores del triunfante funcionalismo que se impuso en Venezuela a partir de 1952, durante el período de la abstracción geométrica. El menosprecio que esta generación sintió por el dibujo se debía a que lo asociaba a la tradición naturalista que se quería abolir. Luego retomaría vigor con el movimiento de la nueva figuración que apareció en Caracas a finales de los 50, en un grupo donde estaban, entre otros, Guevara Moreno, Regulo Pérez, Manuel Quintana Castillo, Jacobo Borges y Manuel Espinoza. De allí en adelante la historia es más conocida. Tuvimos en los años 80 el boom del nuevo dibujo, a pesar de que muy poco quedó de él.

De hecho, es verdad que el dibujo no dejó de emplearse y enseñarse, pero de allí a que se considerara un género importante, había un gran paso. Obviamente podían darse condiciones para el dibujo como diseño o pauta en el marco racionalista del programa de integración artística, a cargo de los pintores geométricos, pero no quedaron muchas muestras (y menos obras maestras) de esta disposición, ya que, por lo general, nuestros plásticos integracionistas fueron más que todo coloristas y casi ninguno se empleó a fondo en el dibujo como no fuera para diseñar sus proyectos de policromías y murales.

El principal problema de las obras sobre papel estribó, sin embargo, en que se introdujeron demasiado tarde normas de conservación en los gabinetes de estampa para impedir el progresivo deterioro del patrimonio en papel y ya cuando el mal estaba hecho. Por otra parte, el rescate de obras desaparecidas ha sido lento y laborioso y hoy podemos decir que si es cierto que los fondos dibujísticos son abundantes en nuestros principales museos, por otra parte hay que reconocer que están llenos de lagunas y ausencias notorias en cuanto a su representatividad histórica. Constituyen muestrarios muy parciales e incompletos y ponen de manifiesto que se sigue haciendo muy poco en materia de rastreo para recuperar la memoria de la obra sobre papel extraviada, correspondiente a extensos períodos de nuestra historia del arte. Pareciera que para los museos, como también para los coleccionistas, lo importante son los géneros considerados mayores.

En el sector privado las cosas no han marchado mejor. Tampoco ha existido aquí interés especial en organizar y menos en preservar debidamente la obra dibujística o gráfica que se cuelga irresponsablemente en los muros sin tomar las precauciones clínicas que aconseja la museografía para el trato adecuado del papel. Y aún así, la presencia del dibujo puesto a la vista en las colecciones es discontinua y está llena de grandes saltos. Nuestros coleccionistas, si es que existen, son en general poco imaginativos y se han contentado con encontrar respuestas simples y cómodas a la necesidad de decorar los espacios de hogares y empresas, limitándose a adquirir, con estos fines, obras de los artistas reconocidos, especialmente serigrafías que circulan en el mercado, sin mayores problemas y sin correr ninguna aventura.

Una excepción en este cuadro desolador es la colección del Ingeniero León Topel Capriles, radicado en Valencia, la cual reúne, casi por partes iguales, obras de pintura y papel. Aunque incrementada de manera informal, con el correr del tiempo, sin apremio ni un plan previo, esta colección de dibujos es una de las más singulares entre las que conocemos en Venezuela, no solo por la variedad y extensión de su universo de firmas, sino por poseer obras de excepcional valor, como es el caso del dibujo de Camille Pissarro, firmado y fechado en Caracas en enero de 1853, y para cuya imagen posó la patrona de la pensión en la cual se hospedó, recién llegado a la capital, el ilustre impresionista francés.

Quizás sea este aspecto informal y acumulativo de una colección que posee algo más de ciento cincuenta piezas lo más sorprendente de ella, puesto que, al estar librada de los prejuicios y maniáticas limitaciones que imponen los asesores y curadores, se les deja a los espectadores la libertad de sopesar y valorar las obras a entera voluntad, sin mediatizaciones como las que imponen a menudo los criterios cerrados y estancos de los coleccionistas profesionales. De este modo se comparte la voluntad del hallazgo, que es el signo más vital de la cultura, tal como puede alentarla quien no abriga la intención de manipular el gusto de los espectadores imponiéndoles sus preferencias.

Topel Capriles ha estado reuniendo dibujos cuando nadie lo hacía y en circunstancias muy variadas, durante largo tiempo y en distintos escenarios. Ha coleccionado en primer lugar a través de los contactos personales y/o amistosos que ha establecido con los creadores mismos, visitando sus talleres o sus casas para elegir las piezas a la vista de lo que presentaban para su escogencia. Por otra parte, Topel ha sido un asiduo visitante de casas de antigüedades y de colecciones caraqueñas como la de Antonio Ovalle Olavarría y otras que vinieron a menos y fueron rematadas por sus sucesores. Otra parte de su colección proviene de subastas o también de intermediarios o propietarios de obras. Las fuentes son múltiples, pero lo importante es acceder, como sea, a ellas.

En todo caso, la labor de rastreo, tal como la tiene Topel, no es nada fácil para el que sabe que la pérdida o desaparición del patrimonio se combina con la poca frecuencia con que la mayoría de nuestros artistas se dedicaron a la tarea de dibujar, y esto hace del coleccionismo en obras sobre papel en Venezuela una actividad heroica, cuyas dificultades son compensadas por las sorpresas que nos reserva. En este sentido, la localización de dibujos de los maestros de Círculo de Bellas Artes y de sus seguidores, durante el tramo más productivo de nuestro arte moderno, el que va de los años veinte a los cincuenta, es un privilegio que no conoce sino el coleccionista inquieto e investigador, por el estilo de  Topel. Las obras sobre papel de Manuel Cabré, Marcos Castillo, Próspero Martínez, Rafael Ramón González, Manuel Silvestre Pérez, Pedro Ángel González, Pedro centeno Vallenilla, Wenceslao Hernández, Francisco Narváez, entre otras, constituyen en la colección de Topel Capriles, para hablar sólo de la llamada Escuela de Caracas, una rara y excepcional cosecha de la que se sentiría orgulloso cualquiera de nuestros museos. Destaco aquí un dibujo de período expresionista de Armando Reverón y la extraordinaria obra de ese pionero del diseño ilustrativo que fue, durante su estada en Nueva York, el pintor Alberto Egea López. Me remito también, para destacar lo que me parece llamativo, al retrato a la plumilla del General López Contreras hecho por Carlos Otero en 1935.

En otras vertientes, más próximas a nuestro tiempo, pueden citarse los trabajos de César Rengifo, Pascual Navarro, Braulio Salazar, Mario Abreu, Enrique Sardá, Víctor Valera, Jaimes Sánchez, Rubén Nuñez, Manuel Espinoza, Guevara Moreno, Régulo Pérez y tantos otros autores cuyas obras comienzan a escasear en el mercado de ofertas, y muestras de las cuales se hallan de manera pródiga en la colección de Topel Capriles.

No creo que el buen coleccionista, como se ha venido afirmando, sea sólo el que está bien informado como para saber orientar su gusto personal con el rigor que impone una acertada elección de sus piezas. Se necesita también de una alta dosis de riesgo. Gustos y criterios, aun los más sabios, son también cambiantes. El interés que sentimos hoy por una determinada elección no es la misma de ayer. Los juicios de valor viven modificándose. De tal modo que a veces es más confiable una colección en la cual el azar de la escogencia depara, para quien descubre la obra, un deslumbramiento. De allí que la buena colección no se hace por mandato ni depende de un criterio estricto y rígido sustentado por la seguridad que proporciona disponer de medios para adquirir obras de arte. Este tipo de recolector es el que mayor daño le hace a la obra de arte. Muchas veces lo que llamamos criterio no es sino un valor condicionado por la moda y la publicidad de un momento. Y aunque siempre se tendrá más posibilidad de acertar en los juicios de valor cuando la selección se orienta a privilegiar las obras del pasado, de ningún modo creo que la labor de un coleccionista deba sustentarse en los valores consagrados, como ocurre tradicionalmente en Venezuela.

Las primeras grandes colecciones de obras impresionistas apostaban a un movimiento acerca de cuyo éxito futuro no había garantía alguna. La colección Caillebote superó con creces las expectativas de quien en la realidad fue un pintor de segunda fila que se dio el lujo de legar a Francia una de las mejores colecciones impresionistas del mundo. Topel Capriles ha tenido el coraje de adquirir obras de artistas acerca de los cuales no se creaba ninguna expectativa, guiado por la intuición de que por ese medio rescataba obras que de otra manera hubieran desaparecido. Tal es uno de los más importantes méritos de su labor como coleccionista heteróclito. El haber rescatado del abandono y la inopia lo que estaba destinado a extraviarse. Ojalá que otros puedan seguir su ejemplo. No el ejemplo del que, para su sólo beneficio, se limita de manera canónica a adquirir obras en galerías, museos y por Internet, para satisfacer necesidades de afirmación y poder egolátrico, sino el que por pura pasión del descubrimiento no sustrae tiempo a la necesidad de incursionar por todos los laberintos y vericuetos urbanos para lograr por fin, como si se tratara de la chef d’oeuvre d’inconnu, la pieza única y singular con que ha soñado toda la vida.


                                              Texto del catálogo de la exposición “Dibujos de una colección”. Sala Alternativa Centro Cultural Eladio Aleman Sucre. 27 de junio al 18 de julio de 1999. 

viernes, 4 de marzo de 2016

El Ateneo de Valencia: 80 años de una trayectoria impecable

Por Cora Páez Capriles de Topel 


No es un mito forjado en la imaginación de quienes amamos a Valencia y a su Ateneo referirse al valeroso espíritu ateneísta, cuando se trata de defender esta institución, fundada en la tercera década del s. XX, al  calor  de  los aires de libertad que comenzaron a respirarse en el país después de  la caída de la tiranía de Juan Vicente Gómez.  Posterior al de Caracas, se funda el de Valencia,  como  una señal inequívoca del cultivo de las facultades humanas y el alto grado de civilización prevaleciente en las personalidades impulsoras de este hermoso proyecto, digno de admirar por el carácter altruista que no busca favorecerse a sí mismo sino a las Bellas Artes en todas sus expresiones: plásticas, literarias, musicales, teatro, cine  y ciencia.

En el s. XIX hubo dos Ateneos en Carabobo, fundados el primero en el año 1843, en la calle Paz, hoy día Montes de Oca.  El segundo  se fundó 34 años después, en 1877.  Ninguno de los dos tuvo larga vida, por  las diversas circunstancias de esa agitada época nacional, pero en ambos se demostró el civismo y el deseo de promover la cultura de los valencianos.  El propósito de fundar estos centros culturales en nuestro estado permaneció  latente en algunos de nuestros más esclarecidos ciudadanos, estudiosos de la diosa griega  del pensamiento,  las artes, la ciencia y la industria, Atenea, que desde la antigua Grecia irradió la luz de la creación artística, cuya base encontró cobijo en estas fundaciones, para brindarle un espacio a los amantes de las Bellas Artes.  Repasando la historia antigua, leemos también que existió un escritor griego de nombre Ateneo, autor de “El Banquete de los Doctos”. Refiriéndonos al Ateneo actual,  destaco que arribar a los 80 años de actividad ininterrumpida en el tiempo, sorteando las dificultades en ese largo transitar, da fe de ese espíritu ateneísta que permanece vivo en el ánimo de sus actuales directivos, bajo la presidencia del ex rector de la Universidad de Carabobo, Elis Mercado Matute y la vice presidencia de Fabián Díaz Carabaño, hijo de la muy querida ex presidenta Chuchuíta Carabaño de Díaz, al igual que  los otros miembros que conforman el equipo promotor de esta  casa, en una etapa de la vida venezolana de muchas dificultades, que hay que sortear para salir adelante, fuera de la sede propia, sin recursos económicos, en un país y un estado dividido política e ideológicamente, pero con mucha fe y confianza en el porvenir para no despertar del sueño reparador, hasta verlo convertido en  la realidad anhelada de la reconstrucción nacional y con ella de la recuperación de la  muy querida institución valenciana. Es por ello que al  Ateneo hay que quererlo para sostenerlo y defenderlo de los embates de quienes pretenden acabarlo, porque no se trata sólo  de tener un lugar donde programar actividades culturales, sino de las sucesivas juntas directivas, amigos y afiliados que lo fueron levantando con los años,  ladrillo a ladrillo, desde un pequeño local en la calle Páez, donde se inició, hasta conseguir un terreno  en la Avenida Bolívar,  c/c  Salom,  luego de vender un lote  que había sido donado por la Sra. Melanie Branger, en la Urb. La Alegría, por estar muy distante del centro de la ciudad y otro situado en la calle La Paz, que fue donado por el Ejecutivo del Estado. 

Con el producto de la venta de los dos terrenos y con un sorteo de lotería, apoyado por el Concejo Municipal de Valencia, la emisión de bonos o cédulas hipotecarias para colocar entre los miembros y amigos de la institución, la apertura de una cuenta en un banco de la localidad para recabar las donaciones y otras contribuciones, se adquirió la propiedad, procediendo en breve tiempo a nombrar una comisión pro construcción del edificio y convocar luego un concurso entre los arquitectos para escoger a quien iba a llevar a cabo el proyecto, el cual ganó el Arq. José Manuel Galia.  El edificio fue inaugurado en el mes de Marzo de 1953,  para beneplácito del ideal compartido por quienes soñaron, colaboraron y aportaron para tan loable fin y para todos quienes en los años sucesivos disfrutamos de las magníficas veladas y altos culturales de toda índole, hasta la acción írrita  de la confiscación de las instalaciones, que si Dios quiere y también con el concurso de todos, recuperaremos para continuar impulsando la razón de ser de la institución ateneísta. La preocupación por continuar expandiendo las salas de exposición permanente y los depósitos para las obras de arte atesoradas con los años, ampliar y remodelar el auditorio “María Luisa Escobar”,  la Biblioteca, “ Enrique Tejera”, las oficinas administrativas, las salas para los talleres  y espacios adicionales para el gran número de actividades culturales que se presentaban, movió a la Junta Directiva presidida por Vitalia Muñoz de Chacín, en el período 1984-86 a conseguir los recursos que permitieran adelantar esas obras de infraestructura, que de antemano anteriores directivas  habían anticipado, al adquirir algunas propiedades anexas que le permitieran al Ateneo seguir creciendo. 

La visión de futuro de los ateneístas vio culminado sus esfuerzos al quedar inaugurada la ampliación del  edificio, con cuatro pisos adicionales, el 17 de Octubre de 1986,  bendecida por Monseñor Luis Eduardo Henríquez, quien agradeció a todos los que trabajaron y contribuyeron para concretar tan ambicioso proyecto.  Posteriormente, la gobernación de Carabobo a mediados de la década de 1990,  construyó e inauguró el  edificio colindante con la calle Urdaneta. Es fundamental recalcar que  estos logros se han podido conseguir gracias al esfuerzo conjunto de sus sucesivas directivas y miembros, pero gracias también el apoyo de los organismos públicos y privados, la Gobernación de Carabobo, el   Concejo Municipal, la Asamblea Legislativa, la Universidad de Carabobo, las Cámaras de Comercio e Industrias, las empresas establecidas en la zona, personalidades e instituciones comprometidas con la democracia y la libertad,  que han contribuido económica y voluntariamente al crecimiento de la institución, sin interferir  en sus estatutos ni en su carácter de ser una asociación civil, sin fines de lucro, de carácter privado y uso público. Todo esto fue posible hasta la bochornosa confiscación de la sede en el año 2007, por parte del denominado gobierno revolucionario, de tendencia totalitaria y centralista, mal llamado bolivariano al usurpar el derecho cívico, acción que nuestro Libertador nunca hubiese apoyado. Por lo que he podido leer de la historia de esta admirable institución, otras afrentas ha sufrido de parte de personas inescrupulosas y ha logrado levantarse de nuevo, de  las cuales copio en esta oportunidad un fragmento de la poetisa,  fundadora y primera presidenta del Ateneo de Valencia,  María Clemencia Camarán (+) al referirse a un atentado que al parecer se produjo a poco de cumplir 30 años de fundado: “Mas, como es de acero la estructura moral de este instituto, y como sus raíces son profundas, no podrán la envidia ni el rencor, ni el salvajismo impío, conmoverle las bases de fuerza y sol que le agarran a su cumbre.  No lo podrán porque en él hay vida de eternidad, en ámbito de águilas, en geografía de roca inconmovible y en ascensión”. Esa estructura  de acero  se ha fortalecido en los años infaustos de la usurpación de su propiedad —que llegó hasta el colmo de suplantarle el nombre para denominarlo “Museo de Arte de Valencia - MUVA”—, forzando el temple ateneísta a  traspasar las barreras de la  sede, para salir  a convocar a los pintores y escultores de todo el país a participar en los Salones Bienal  “Arturo Michelena”, en espacios alternos de la ciudad, el CEAS, de “El Carabobeño”, la Galería “Braulio Salazar” de la Universidad de Carabobo, el Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia, el Centro Cultural y Deportivo Don Bosco, cuyos respectivos directores los han ofrecido voluntariamente para apoyar a la máxima confrontación de las artes visuales,  animándose  el presidente  Elis Mercado,  acompañado de la Junta Directiva en pleno, a recorrer las estaciones habilitadas para exhibir las obras clasificadas por los jurados en cada uno de los salones, desde el 2008 hasta el 2016, el 64, 65, 66, 67 y el 68 Salón,  actualmente en preparación para ser presentado en el próximo mes de Octubre.  

Es el Ateneo itinerante, o en el exilio, como humorísticamente lo hemos denominado para mantener el ánimo en alto, anticipando el nuevo amanecer que comenzó a asomarse en el firmamento venezolano en el acto electoral del 6 de Diciembre del 2015. Es pertinente destacar que la edición Bienal 64 Salón,  en el 2008, fue dedicada a la Universidad de Carabobo con motivo de los 50 años de su reapertura,  como también los estrechos vínculos que desde los inicios del Michelena ha mantenido el Ateneo con esta casa de estudios carabobeña,  faro de luz de la instrucción, por lo que desde estas páginas saludamos a la Rectora Magnífica Profesora Jessy Divo de Romero y a las demás personalidades del claustro universitario,  por el incondicional  apoyo que en todo momento le han brindado al Ateneo de Valencia. En esta oportunidad, es preciso destacar también el respaldo que en estos aciagos años de revolución  le han dado los gobernantes democráticos a los artistas premiados en los salones de estos últimos tres lustros, pasando el Premio Michelena, que fue creado por la Gobernación de Carabobo,  a ser concedido por la Alcaldía de Valencia, o la de Naguanagua  cuando los gobernadores en ejercicio del PSUV no apoyaron la confrontación, o el Premio “Andrés Pérez Mujica”, que fue creado por el Concejo Municipal de Valencia, pasó  a ser concedido también por la Alcaldía de Naguanagua, cuando el Alcalde en ejercicio representaba al  PSUV.  De esta manera,  el ex gobernador  de Carabobo Henrique Fernando Salas Feo, el ex alcalde Julio Castillo y el alcalde Alejandro Feo La Cruz, de Naguanagua, al igual que  el alcalde  Miguel Cochiola, de Valencia, asumieron el compromiso con estas dos máximas recompensas.  Otras afrentas contra el Michelena son  la creación de salones paralelos organizados por la Gobernación peseuvista, o por el Ateneo confiscado, en fechas próximas a los Salones Bienal originales,  tal como el Salón “Octubre Jóven”  y  el Salón de Artes “Nelson Mandela” en el Museo de la Cultura, negándole la otorgación económica de los Premios a los ganadores del Salón original,  para otorgárselos a los premiados en los salones paralelos.

Basta para concluir referirme también a la valiosa colección de arte que ha sido atesorada por el Ateneo de Valencia durante muchos años y guardada con esmero por las sucesivas directivas, producto de los Premios “Arturo Michelena” y “Andrés Pérez Mujica” que, como bien sabemos, deben quedar en posesión de la institución y,   por ende,  de esta ciudad,  así como también el cuadro “Primavera” del artista francés Alfred Manessier, quien fue premiado en el Salón Internacional de Arte en la fecha cuatricentenaria de Valencia, al igual que algunas otras adquisiciones o donaciones,  para lo cual se construyeron los pisos adicionales y el depósito de obras de arte al que me referí en líneas anteriores.  Pedimos verlas exhibidas, suponiendo de buena fe que están en óptimo estado de conservación.  Representan ellas la valiosa colección de arte del s. XX y en lo adelante del XXI,  en la que están representados los máximos artistas plásticos de nuestro país y de nuestra ciudad. Poner en circulación de nuevo la biblioteca “Dr. Enrique Tejera”,  adscrita a la red de Bibliotecas Públicas del estado Carabobo, para promover y estimular el hábito de la lectura dentro de la comunidad.  Continuar también con la Bienal de Literatura “José Rafael Pocaterra”, en su doble versión de Prosa y Poesía, programa insigne creado en el año 1955 con el fin de estimular la creación literaria en nuestro país y de rendir tributo a la memoria de este gran escritor carabobeño, con el patrocinio del Ejecutivo del Estado Carabobo, la Asamblea Legislativa y el Concejo Municipal de Valencia.  Activar también los recitales musicales y  las presentaciones de teatro en la sala María Luisa Escobar.  Estas y otras actividades a favor de la cultura y de las Bellas Artes queremos volver a mostrar en nuestro ateneo,  una vez que se imponga la sensatez.  Que así sea.

Cora Páez Capriles de Topel
Ex presidenta del Ateneo de Valencia

Valencia, 24 de Febrero de 2016 

Discurso pronunciado en el Paraninfo de la Universidad de Carabobo, como Oradora  de Orden en la celebración de los 80 años del Ateneo de Valencia. 

miércoles, 27 de enero de 2016

El GDEV inaugura la exposición “Carabobo territorio de las artes. De Antonio Herrera Toro a Javier Téllez. 10 años de una colección”.

En el marco de su décimo aniversario el Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia inaugura la exposición “Carabobo territorio de las artes. De Antonio Herrera Toro a Javier Téllez. 10 años de una colección”.



El venidero domingo 14 de febrero a las 11 de la mañana, el Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia, ubicado en la Urb. Santa Cecilia, inicia su programación expositiva con la celebración de su décimo aniversario de fundación. Durante estos diez años, el GDEV se ha propuesto albergar y custodiar importantes obras que constituyen parte del patrimonio artístico de nuestro país. La muestra que lleva por nombre “Carabobo territorio de las artes. De Antonio Herrera Toro a Javier Téllez. 10 años de una colección”, nos permitirá recorrer poco más de un siglo de la producción de artistas valencianos que conforman parte de la Colección Topel Páez.

En esta ocasión especial, a 10 años de su apertura, el GDEV como institución, hace un balance y reflexiona sobre sus propios valores, y destaca con ello, la importancia de contar dentro de su acervo con nombres representativos de la plástica nacional desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. Pero más específicamente, y como punto de honor, recoger en su colección una lectura integral de obras de artistas nacidos en estas tierras carabobeñas, que a nuestros ojos, es un territorio pródigo y fecundo de talento artístico.

Nombres como Antonio Herrera Toro, Arturo Michelena, Andrés Pérez Mujica, Leopoldo La Madriz, Braulio Salazar, Oswaldo Vigas, Luis Guevara Moreno, Rubén Núñez, Wladimir Zabaleta, Carlos Zerpa, Javier Téllez, por solo mencionar algunos de los veinticuatro artistas que participan en esta exposición, son parte de ese grupo de creadores que, hijos de estas tierras, y desde diversos lenguajes y disciplinas, han marcado huella tanto en la plástica nacional como internacional.

En ese sentido, más de 10 generaciones de artistas plásticos nacidos en Valencia y representados en la Colección Topel Páez, desde mediados del siglo XIX hasta más allá de la mitad del siglo XX, son seleccionados para conmemorar el décimo aniversario del Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia, y de esta manera rendir un merecido homenaje a esta tierra pródiga de las artes, a su gente y su cultura.


La exposición permanecerá abierta al público hasta el venidero domingo 03 de abril, tiempo durante el cual se llevarán a cabo visitas guiadas, talleres y otras actividades para el público general. De lunes a viernes de 9:00 am a 5:00 pm, sábados y domingos de 11:00 am a 3:00 pm. El acceso a la muestra es completamente gratuito y está abierta a todo público.

miércoles, 29 de julio de 2015

Veredicto de Admisión Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa

El Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia informa y felicita a los artistas seleccionados para participar con sus obras en la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa.







viernes, 24 de abril de 2015

Convocatoria Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa

Convocatoria Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa

La Fundación Museo Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia (GDEV), convoca a la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa, con el objetivo de estimular la creación y experimentación en el área del dibujo y las artes gráficas, generando un escenario de confrontación y diálogo a nivel nacional para estas disciplinas artísticas.

Esta segunda edición rendirá homenaje a la vida y obra de Luisa Palacios (1923-1990). Grabadora, pintora y ceramista nacida en Caracas; quien incursionó en la compleja técnica del agua de azúcar combinada con aguatinta y ha sido considerada como una de las grabadoras venezolanas más representativas del siglo XX. Obtuvo el Premio Nacional de Dibujo y Grabado en su edición del año 1963.

Para ello se han acordado las siguientes bases:

Artículo 1. La Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa será inaugurada el domingo 04 de octubre de 2015 a las 11:00 a.m. en los espacios del Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia.

Artículo 2. La Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa es de temática libre y podrán participar artistas venezolanos, residenciados o no en el país, así como extranjeros con más de cinco (5) años de residencia en Venezuela.

Artículo 3. El proceso de participación se desarrollará en dos fases. La primera, correspondiente a la inscripción de las obras, será de manera virtual, permitiéndole a los artistas reservarse los costos de embalaje y traslado, haciendo uso de las herramientas y alcances tecnológicos que en la actualidad brindan los medios virtuales. La segunda, correspondería al envío físico de las obras admitidas, luego del proceso de selección por parte del jurado único.

Artículo 4. Cada artista o colectivo podrá postular una o más obras inéditas, realizadas entre los años 2013 y 2015, atendiendo a las disciplinas del dibujo y de las artes gráficas, pudiendo emplear cualquiera de las diversas técnicas de grabado e impresión, o combinación de ellas.

Artículo 5. Las obras deben respetar el formato bidimensional y las dimensiones máximas de 80 x 80 cm considerando el marco.

Artículo 6. Para formalizar su inscripción a la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa, el artista o su representante deberá consignar de la versión digital de cada obra que desee postular: una (01) imagen en alta resolución (mínimo 300 dpi) o un boceto detallado del proyecto. Dicha versión deberá acompañarse de:
  • Ficha técnica completa de la obra (título, año, técnica/materiales, dimensiones en cm).
  • Resumen curricular actualizado del artista con datos personales y de contacto    (teléfono, correo-e, dirección).
  • Imagen digital de la cédula de identidad del artista.
  • Depósito bancario en efectivo o trasferencia electrónica por cada obra a postular por DOSCIENTOS BOLÍVARES (Bs. 200,oo), a nombre de Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia, Rif. J-31244050-3., en la cuenta corriente Nº 0191-0085512185058445 del Banco Nacional de Crédito.
  • Enviar imagen del comprobante de depósito junto a los demás recaudos a: bienalgabinetedeldibujo@gmail.com
Una vez recibido el correo electrónico con todos los recaudos solicitados, el GDEV le responderá por la misma vía en un plazo máximo de 48 horas, asignándole un número que confirma su inscripción a la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa.

Artículo 7. El lapso de recepción e inscripción virtual de las obras será improrrogable y tendrá lugar entre el 15 de junio y el 17 de julio de 2015.

Artículo 8. La Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa contará con un Jurado Único de Admisión y Calificación, que estará integrado por las siguientes personalidades: Alberto Asprino (artista, museógrafo y curador de arte), Rafael Santana (investigador y crítico de arte), Eduardo Bárcenas (artista plástico).

Artículo 9. El listado de artistas admitidos será publicado el día miércoles 05 de agosto de 2015 en los medios de comunicación impresos y en nuestro sitio web www.gabinetedeldibujo.com

Artículo 10. La recepción en físico de las obras admitidas tendrá lugar únicamente entre el lunes  24 de agosto  y el viernes  11 de septiembre de 2015 en la sede del GDEV, ubicada en la Urbanización Santa Cecilia, 6ta. Transversal, #11, Código Postal 2001, Valencia-Venezuela. Tlf: +58 (0)241 - 825 21 85 / +58 (0)414 – 4371971. El horario de recepción será de lunes a viernes, entre 9:00 am y 5:00 pm. El artista podrá consignar su obra personalmente, mediante un tercero o utilizando un servicio de encomienda previamente cancelado. La obra deberá entregarse debidamente identificada (indicando su valor en bolívares) y embalada para garantizar su protección. Deberá estar firmada, fechada, numerada (en caso de obra gráfica) y enmarcada. En caso de no requerir marco consignar dispositivo y especificaciones de montaje. Sólo se recibirán las obras admitidas por el Jurado Único de Admisión y Calificación en las condiciones aquí señaladas.

Artículo 11. Las obras admitidas deberán corresponder fielmente con la versión digital o proyecto en base al cual fue admitido por el Jurado. En caso de existir discrepancias importantes entre la obra física y su versión digital consignada para inscripción, el Jurado tendrá la potestad de no exponerla ni incluirla en catálogo.

Artículo 12. En caso de proyectos seleccionados, el artista asumirá el costo de producción y ejecución del mismo, se comprometerá a desarrollarlo según el cronograma y los lineamientos que establezca el GDEV. La ejecución de proyectos o disposición de obras deberá garantizar la seguridad de las mismas, de manera que no implique riesgo, daño o deterioro a la institución sede ni a las demás obras participantes.

Artículo 13. La Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa otorgará los siguientes premios:
  • Premio Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa a cualquiera de las disciplinas. Consistente en treinta mil bolívares fuertes (Bs.F 30.000, oo) y diploma. (La obra galardonada pasará a formar parte del patrimonio del GDEV).
  • Premio de Dibujo “Oswaldo Vigas”. Consistente en veinte mil bolívares fuertes (Bs.F 20.000,oo) y diploma.
  • Premio de Grabado “Luis Guevara Moreno”. Consistente en veinte mil bolívares fuertes (Bs.F 20.000, oo) y diploma.
  • Bolsa de Trabajo “León Topel Capriles” consistente en suministro de materiales de trabajo para artistas menores de 35 años en cualquiera de las disciplinas.

Artículo 14. La devolución de las obras participantes en la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa se realizará únicamente en la sede del GDEV una vez clausurada la exposición. El lapso de retiro iniciará el lunes 18 de enero y culminará el viernes 19 de febrero de 2016, en horario de lunes a viernes entre 9:00 am y 5:00 pm. Aquellos artistas que no puedan retirar su obra personalmente deberán enviar autorización por escrito, señalando los datos de identidad de su autorizado y anexando copia de la cédula de identidad de ambos. Una vez culminado el periodo de devolución, el GDEV no se hará responsable de las obras que no hayan sido retiradas y transcurrido dicho lapso podrá disponer de las mismas.

Artículo 15. La responsabilidad sobre derechos de propiedad intelectual de terceros, imágenes, logos o marcas registradas que puedan verse vulnerados por alguna obra o proyecto, recaerá única y exclusivamente sobre el autor de la misma.

Artículo 16. Los autores de las obras galardonadas acuerdan ceder a la Fundación Museo Gabinete del Dibujo y de la Estampa de Valencia, así como a la empresa o institución otorgante del premio, los derechos de reproducción total o parcial de la obra, con fines culturales, educativos o de promoción.

Artículo 17. Las decisiones del Jurado Único de Admisión y Calificación son inapelables.

Artículo 18. Ninguno de los premios otorgados por la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y  Estampa podrá ser declarado desierto.

Artículo 19. La postulación de obras a la Bienal II Salón Nacional de Dibujo y Estampa implica el conocimiento y acatamiento de la totalidad de los artículos aquí establecidos.

Artículo 20. Lo no previsto en estas bases será decidido por la Dirección General del GDEV.